Ben Youssef

Por poco menos de 4 euros se puede comprar un billete conjunto para el museo de Marrakech –en el antiguo palacio Dar Menebbi– y la Madrasa de Ben Youssef.

El sultán Abdullah el-Ghalib  reconstruyó el edificio a mediados de los 1560s: una estructura de madera de cedro, recubierta por estuco, azulejos de colores y en partes mármol de Carrara. La madrasa fue una iniciativa del sultán Abu Al-Hasan ‘Ali ibn ‘Othman en siglo XIV. El nombre hacer referencia al sultán almorávide Alí Ben Youssef, que construyó la mezquita con el que la madrasa comparte solar.

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El centro de enseñanza llegó a acoger a más de 800 alumnos. Los foráneos se alojaban en alguna de las más 130 habitaciones que se reparten por las segunda planta de la estructura.

El centro de la madrasa muestra un hermoso patio con una alberca que cuando fuimos estaba vacía. La sala de oraciones, en donde se aloja el mihrab, un espacio con una acceso de arco de medio punto, orientado hacia la Alquibla, se divide en tres salas dividas por columnas de mármol que soportan los arcos cincelados con motivos geométricos y florales.

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Un guía que acompañaba a unos turistas españoles les decía que la técnica con la que se labró el techo de la mihrab se había perdido. Ya en España me comentaron que es una técnica muy cara y de difícil aprendizaje y que los artesanos que la dominan acaban trabajando en proyectos en los países del Golfo.

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Otro, en muy buen inglés detallaba la historia del edificio a una pareja de americanos de unos 60 años. Lo hacía muy bien, pero por alguna razón, detenía la explicación cada dos por tres para preguntar si estaban contentos con sus servicios. La mujer le aseguraba que sí, que no se preocupase, el guía, un hombre de cincuenta y pocos, pero alto y con muy buena planta con el uniforme oficial, insistía. Lo comenté con Isa. Suponía que a lo mejor había metido la pata y estaba preocupado que hubiese algún tipo de queja.

–O la mejor está preocupado porque le dejen una buena propina–, comentó una chica, andaluza creo, que había estado atenta no sólo a la escena del guía y los guiris sino también a nuestra conversación. Es lo malo de estos sitios con tanto trasiego: no hay ningún respeto a la intimidad de los demás.

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Durante gran parte del siglo XX la madrasa estuvo abandonada y en estado casi ruinoso. Las labores de rehabilitación comenzaron en los años 1980s y se espera que aun dure varias décadas. Estos plazos tan largos no son a causa de la complejidad de la obra en sí, sino por la dificultad de conseguir financiación.

Subimos a la planta superior y visitamos las habitaciones que alojaban a los alumnos. De las habitaciones en sí, poco que destacar. Hoy en día diríamos que tienen una sencillez monástica, como conviene a gente que se preparaba para dedicar su vida al estudio y la oración. En cambio ahora se desarrolla una especie de juego de espejo en el que todos se sacan fotos, se dejan sacar fotos e intentan sacar una foto al que le está sacando una foto. Supongo que si se tuviese tiempo de seguir los resultados en las redes sociales podría ser divertido.

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Cámara: Fujifilm X-20

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